A los 95 años murió Taty Almeida, la madre que transformó el dolor en lucha colectiva
Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo – Línea Fundadora y una de las referentes históricas de los derechos humanos en Argentina, falleció a los 95 años.

La Plata (Por InfoGEI).-Nacida el 28 de junio de 1930 en el barrio de Belgrano, Taty creció en el seno de una familia militar: su padre era oficial de Caballería y su hermano, coronel. Estudió magisterio, se casó con Jorge Almeida y tuvo tres hijos: Jorge, Alejandro y Fabiana. Fue docente por unos años, pero nunca imaginó que su verdadera aula sería la vida con un pañuelo blanco en la cabeza. En 1970 se separó de su esposo y se instaló con sus hijos en un departamento de Palermo. Allí vio por última vez a Alejandro, un joven de 20 años que estudiaba Medicina en la UBA, trabajaba en Télam y militaba en el ERP 22 de agosto, aunque Taty lo descubriría recién al día siguiente de su secuestro, cuando encontró una agenda con un poema dedicado a ella.
Durante mucho tiempo, Taty recorrió oficinas de obispos, videntes y altos mandos militares —Harguindeguy, Agosti, Galtieri, Camps— con la esperanza de recuperar a su hijo. Confesó que el 24 de marzo de 1976 sintió alivio: «Dije al fin se van estos negros de mierda, vienen mis conocidos y yo voy a recuperar a Alejandro». Pero el golpe no le devolvió a su hijo; en cambio, la acercó a otras mujeres que también buscaban a sus desaparecidos. «Me costó mucho aterrizar y el aterrizaje fue forzoso. Me saqué la venda. Pero fue lo mejor que pude hacer: compartir, hablar el mismo idioma y ya no estar en soledad», contó.
A fines de 1979, dejó atrás el temor de ser señalada por su «currículum militar» y se acercó a la casa de las Madres en la calle Uruguay. Allí, María Adela Gard de Antokoletz la recibió y le dijo una frase que nunca olvidaría: «Cada madre se acerca cuando es su momento y este es el tuyo, Taty». Desde ese día, el pañuelo blanco y el prendedor con la imagen de Alejandro abrochado del lado del corazón la acompañaron a todos lados.
Con el tiempo, Taty se convirtió en una voz inconfundible de la lucha por los derechos humanos. Participó en cada acto del 24 de marzo, en recitales de cumbia, en escuelas, y condujo su programa de radio. Siempre cerraba sus discursos con un mensaje de esperanza y conciencia: «Quedamos muy pocas madres y abuelas, pero estamos tranquilas porque tenemos una juventud maravillosa a la que le estamos pasando la posta. Pero ojo, que esa posta la pasamos de a poquito porque a pesar de los bastones y las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie».
Taty Almeida murió a los 95 años, pero su legado —el de una madre que convirtió el dolor individual en acción colectiva, que contagió convicción, memoria y lucha a nuevas generaciones— seguirá resonando mientras haya quien repita aquello que ella enseñaba: «La única lucha que se pierde es la que se abandona. Y cuando estén caídos o cansados, digan bien fuerte: ‘Si las madres pudieron, por qué no, nosotros’». (InfoGEI)




