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Fútbol: condena millonaria por la agresión a un juez de línea a club y Liga de Tres Arroyos

Un club de Claromeco y la liga tresarroyense deberán afrontar una fuerte sanción económica por un incidente tras un partido disputado en 2015.

El Club Recreativo Balneario Claromecó y la Liga Tresarroyense de Fútbol tendrán que pagarle 1.500.000 pesos, más intereses, a un juez de línea al que agredieron a la finalización de un partido de fútbol que se disputó hace 4 años.

Eso será así de confirmarse el fallo dictado en los últimos días por la Sala I de la Cámara de Apelación en lo Civil y Comercial de nuestro medio, que amplió la sanción dictada en primera instancia.

La medida beneficia a J.C.M. -hoy de 56 años y al que no se identifica por razones de seguridad-, quien se desempeñaba como árbitro asistente en el partido que disputaron Claromecó contra Olimpo de Tres Arroyos, el 1 de noviembre de 2015, definitorio para lograr el ascenso a la máxima categoría.

Un hincha del local -que ganaba 2 a 0 y terminó perdiendo 3 a 2-, molesto con el desempeño de J.C.M., lo esperó a la salida y, aún dentro del complejo deportivo, lo agredió y le provocó lesiones importantes.

El juez de primera instancia había fijado una indemnización de casi 400 mil pesos, pero la Cámara, con los votos de los jueces Guillermo Ribichini, Marcelo Restivo y Fernando Kalemkerian, ampliaron ese monto a 1.542.500 pesos, más intereses, teniendo en cuenta el lucro cesante ($25.500), la incapacidad física ($1.237.000) y el daño moral ($280.000).

Producto de los golpes, J.C.M. tuvo importantes inconvenientes odontológicos y hasta se constató una disfunsión mandibular (apertura de la boca menor a la normal), con dificultad moderada a importante para la masticación, no corregible con prótesis.

La Cámara remarcó que a la “brutal agresión” le siguieron “angustiantes semanas” hasta que la víctima fue operada en Bahía Blanca. Y luego la convalecencia y las restricciones residuales que hoy mantiene (significativo 18% de incapacidad).

Responsable solidario

La liga tresarroyense alegaba que no tenía responsabilidad porque no era organizador del evento deportivo y que el ataque fue un hecho imprevisible, con resultado inevitable.

Los jueces rechazaron ese argumento porque el Reglamento General de la Liga Tresarroyense de Fútbol “desmiente literalmente su protestada ajenidad”, ya que obtiene ingresos por las entradas.

“No puede haber duda, entonces, de que la liga participa de las recaudaciones obtenidas por los clubes afiliados. Que eso sea poca plata en relación a la que tiene lugar entre los equipos del fútbol profesional y la AFA no altera la esencia de la cuestión, que es la participación en sí misma en ese resultado económico”, se aclaró.

Por otra parte, la Liga tiene la supervisión de las medidas de seguridad que deben tomar sus afiliados para evitar estos hechos.

La agresión se produjo una vez terminado el encuentro, cuando la terna arbitral se dirigía al taxi que había ingresado en el predio para trasladarlos.

La justicia consideró insuficiente la vigilancia en el estadio, ya que “tratándose del partido final del campeonato de segunda división no se había previsto custodia policial alguna, sino solo dos personas de seguridad privada”.

Imprevisible era «un saludo cariñoso»

Al rechazar el resultado de «imprevisibilidad» del incidente, el juez Ribichini tuvo una particular apreciación.

«Es inaudible la argumentación de que en el marco de un muy disputado partido, donde se dirimía el ascenso de categoría, un golpe propinado por un hincha de la parcialidad derrotada al juez de línea interviniente resultara un hecho ‘imprevisible'», dijo.

«Podía resultar imprevisible que lo saludara cariñosamente y le llevara el bolso en signo de fraternal convivencia deportiva, pero no que lo insultara o agrediera», amplió.

Sí consideró que se trató de un hecho «inevitable», a partir de «las pésimas medidas de seguridad» adoptadas por el club organizador y la «ineficaz» supervisión y control de la asociación apelante.

El partido tuvo un clima caldeado y hostil hacia los árbitros y los custodios «no tuvieron mejor idea» que hacerlos salir por el sector local.

«El resultado, entonces, no podía ser más previsible y evitable, pero terminó siendo inevitable por la torpeza mayúscula -para ser bien pensado- de los guardias -de por sí insuficientes- contratados por el club», sostuvo el juez.

Fuente: www.lanueva.com

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